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14 de abril de 2015

"Poesía Completa" de Jorge Luis Borges

Hace unos meses fui a una librería de Miami a otear las novedades y para mi sorpresa encontré un volumen de la poesía completa de Jorge Luis Borges. Yo estaba seguro que tenía en mi biblioteca personal las 13 obras reunidas en aquel volumen de más de 600 páginas, desde “Fervor de Buenos Aires” publicado en 1923, hasta “Los conjurados” que salió en 1985, año anterior al de la muerte de Borges.

Quiere decir que adquirir “Poesía Completa” podía verse como un exceso de comprador compulsivo. Sin embargo, lo que me hizo llevar el libro a casa no fueron los poemas de Borges que ya había leído, sino el prólogo que el argentino escribió a cada uno de los libros que aparecen en el volumen; eso justificaba la compra.

Es interesante leer un Borges de 60 años de edad prologar una obra (Fervor de Buenos Aires) que publicó cuando tenía 23. “No he reescrito el libro” —aclaró. “He mitigado sus excesos, he tachado sensiblerías y vaguedades y, en el decurso de esta labor a veces grata y otras veces incómoda, he sentido que aquel muchacho que en 1923 lo escribió ya era esencialmente —¿qué significa esencialmente?— el señor que ahora se resigna o corrige”.

Asimismo, de “Cuaderno de San Martín” que publicó en 1929 dice, también a los 60: “En lo que se refiere a los ejercicios de este volumen, es notorio que aspiran a la segunda categoría. Debo al lector algunas observaciones. Ante la indignación de la crítica, que no perdona que un autor se arrepienta, escribo ahora ‘Fundación mítica de Buenos Aires’ y no ‘Fundación mitológica’, ya que la última sugiere macizas divinidades de mármol. Esta composición, por lo demás, es fundamentalmente falsa”.

También aparece un prólogo genérico para “Poesía Completa”, escrito cuando el autor tenía ochenta y tantos, cuando “las novedades importan menos que la verdad”. Entonces declaró: “He compilado en este volumen toda mi obra poética, salvo algún ejercicio cuya misión nadie deplorará o notará y que (como de ciertos cuentos de ‘Las mil y una noches’ dijo el arabista Edward William Lane) no podía ser petrificado sin destrucción. He limado algunas fealdades, algún exceso de hispanismo o argentinismo, pero en general he preferido resignarme a los diversos o monótonos Borges de 1923, 1925, 1929, 1960, 1964, 1969 así como al de 1976 y 1977”.

Ese Borges corregido y criticado por él mismo fue el que llevé a casa. Ya en “Fervor de Buenos Aires” se asomaba la promesa de un poeta grandioso que el tiempo y la erudición convertirían en un clásico universal. Él mismo dijo que “en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora [1969], las mañanas, el centro y la serenidad”.

Y así, en los años de esa indiscutible serenidad observa el inicio del poema Calle Desconocida (Penumbra de paloma/ llamaron los hebreos a la iniciación de la tarde…) y surge una autocrítica borgiana: “Es inexacta la noticia de los primeros versos. De Quincey (Writings, tercer volumen, pág. 293) anota que, según la nomenclatura judía, la penumbra del alba tiene el nombre de penumbra de la paloma; la del atardecer, del cuervo
.

Volúmenes como este de “Poesía Completa” ayudan también al lector a observar la evolución de un discurso que no siempre perteneció a un grande de las letras universales. Los temas, la métrica, el estilo, las preocupaciones estéticas, los símbolos, la imagen, la metáfora, las tendencias, y todo lo que figura en el ejercicio escritural, marcan las páginas y trazan el ADN de la composición que queda como un importante legado para la historia del pensamiento, si sobrevive en la materia inorgánica en que suelen transformarse los autores cuando ya no están entre nosotros.

En el que habría sido el último prólogo que dictó en Ginebra en 1985, un año antes de su muerte en esa misma ciudad, Borges apuntó: “No profeso ninguna estética. Cada obra confía a un escritor la forma que busca: el verso, la prosa, el estilo barroco o el llano. Las teorías pueden ser admirables estímulos (recordemos a Whitman) pero asimismo pueden engendrar monstruos o meras piezas de museo”.

Borges sigue siendo inmortal.