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2 de diciembre de 2014

Conocimiento de pausa y efecto

En los más de tres meses que me ausenté de mi blog personal utilicé la ventana de Facebook para airear ideas, y en el proceso me di cuenta que los lectores de uno y otro medio son distintos, aunque algunos se cruzan para estar presentes en las dos orillas.

Pero este blog es, digamos, la corriente alterna que me obliga a soltar los músculos tanto del cerebro como de estas manos que escriben sobre un teclado que cada vez me resulta menos responsivo a la velocidad que la práctica ha dado a mis dedos, que ya piensan más que yo. 

¿Qué hice durante esos tres meses? El periodismo de plantilla me absorbió. No hay nada m
ás sofocante que los noticieros, y nada más imprescindible aun que la noticia cuando vivimos de ella, y a partir de ella. Estar en la primera línea de la noticia es estar en la última de la literatura; son oficios hermanos que se odian a muerte.

Ante dicho panorama, no es dificil adivinar que la consecuencia es la dilación de lo que produce menos dinero para vivir. Por eso la literatura, y todo lo que tiene que ver con ella, queda condicionada al ocio y al tiempo que sobra. Por suerte en mi caso creo que he podido balancear las cosas, porque reconozco que el periodismo me da para vivir y la literatura para mantener viva la utopía de un mundo distinto al que me somete el trabajo diario.

En los más de tres meses transcurridos desde el ocho de agosto, he podido quitarme de encima el polvo de los caminos que recorrí durante 2014 en República Dominicana. También, quizá por los remanentes del impulso de conocer más, seguí leyendo obras de autores del país que me decepcionaron porque son nombres de aparente éxito local. Con ellos pude confirmar nuevamente que el descuido, la prisa y la falta de edición profesional son los grandes males de la literatura dominicana del siglo XXI.

Durante este tiempo de aparente distanciamiento he podido repensar y sacar conclusiones acerca del país donde nací; de su literatura, del comportamiento de su gente, de las querencias y malquerencias de los amigos que da la vida libresca de la isla. Me sirvió para eliminar con mucho pesar algunos nombres de la lista de antiguos amigos que ahora, con más años encima y menos posibilidades de metas personales, sienten la terrible necesidad de mantener nombradía en los cenáculos insulares a cambio de servir de chivos expiatorios.

Este 2015, pienso que puede ser más intenso. Hay libros propios en camino, pero también tengo el compromiso de presentar lo que marcará parte de la ruta del libro dominicano fuera de la isla, donde no llegan los buitres ni los reptiles de la cultura sobornada a importunar el trabajo hecho con la decencia y el respeto que merecen los escritores de valía; los que a mi juicio no han perdido todavía la dignidad para convertirse en aspas del bendito poder. En ese grupo incluyo autores muy jóvenes de gran talento, inéditos o parcialmente inéditos, a quienes considero “guerreros” importantes para iniciar una cruzada literaria internacional con miras al futuro.

Además de literatura dominicana, en estos tres meses de los que hago conocimiento de pausa y efecto (lo de pausa no es un error) también leí y releí novelas, ensayos, filosofía, crítica y poesía de clásicos y contemporáneos, y otro tanto de autores inéditos que llenan el tiempo de un “literary scout”, o explorador literario, que no busca otra cosa que contribuir al desarrollo de la literatura en lengua española.