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14 de agosto de 2013

José Mármol, un poeta hereje reivindicado

Todo parece indicar que para José Mármol se acabaron los apagones. Desde hace unos años vive en la luz, lo alumbran los reflectores de todo tipo de cámaras que siguen de cerca los reconocimientos de que ha sido objeto y que lo encumbran como el más visible y visionario de la llamada generación de los ochenta, en su natal República Dominicana.

El último peldaño de Mármol, o el más reciente, ha sido la investidura como profesor honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde estudió Filosofía, además de iniciarse en el “liderazgo intelectual” de los entonces jóvenes integrantes del Taller Literario César Vallejo y posteriormente de toda una generación ahora dispersa y definida, y “en la que cada quien arriesgó su pellejo con su intransferible y única escritura”, como afirmó el propio Mármol en 1995.
 
Intuyo que para algunos estos reconocimientos con luces y sonidos de toda clase son la consagración de Mármol, pero para mí este poeta que se gana la vida desde hace muchos años en los laberintos de un importante banco de su país se consolidó silenciosamente en 1997, cuando publicó su voluminoso libro de ensayo “Etica del poeta”;  una obra que coronó su filosofía del ser, del arte, de la lengua y de la “nada cotidiana” que formaron al hombre de letras que es hoy a partir de años de perseverancia y dedicación.

Luego de ganar el Premio Nacional de Poesía 1987 y el Premio Pedro Henríquez Ureña 1992, Mármol abre las alas al ámbito internacional al ser galardonado con el Premio Casa de América de Poesía Americana 2012 por su obra “Lenguaje del mar”. El jurado de este último concurso, convocado en España, destacó entre otras cosas “la madurez lírica de un poeta que aborda el tradicional tema del mar con voz propia”. Fue un logro importante para Mármol, pero también significó un reconocimiento trasatlántico a la poesía dominicana, y más todavía a la poética caribeña de nuestro tiempo.

Todavía hay más. Este 2013 Mármol obtuvo el Premio Nacional de Literatura, convirtiéndose así en el autor más joven en recibir dicho galardón dominicano otorgado a toda una obra y vida dedicada a la literatura. A todo eso se suma ahora la investidura del poeta como profesor honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, institución en la que cuando era estudiante, según el propio Mármol, se le hizo “un juicio sumario” por proclamar en el decenio de los ochenta “que el problema esencial de la literatura era el lenguaje y no la sociedad u opiniones sobre ésta”.

El poeta asegura además que debido a esa postura fue purgado y tuvo que renunciar a su condición de coordinador del Taller Literario César Vallejo. Pero previamente ocurrió lo siguiente: “se me hizo un juicio sumario en presencia del Decano de la Facultad de Humanidades, quien ya antes, en el marco de un panel de filosofía, me había acusado en público de ‘irracionalista’ y de ‘colonialista intelectual’, por el simple hecho de que me interesaba la corriente filosófica y literaria neonietzscheana (de Nietzsche) francesa. No cejé un ápice, y hoy día los antiguos acusadores comparten en buena medida mis herejías”.

Ahora la voz de Mármol se amplifica con sus premios nacionales y el reconocimiento internacional. Su autoridad intelectual se crece en la madurez y se consolida con la admiración de sus amigos de generación, y también con el odio de sus detractores. Aprovechó su discurso de investidura de profesor honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo para recordar nuevamente su teoría de la ética del poeta como un acto de responsabilidad, “un principio de honestidad” y una “misión profetizante”.

Que sigan encendidas las luces y que hablen más poetas, porque la de los ochenta no fue una “década perdida”. El micrófono queda abierto.