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17 de abril de 2013

Libro inclasificable de René Rodríguez Soriano

René Rodríguez Soriano
Para mí no hay nada más desalentador que el ruido detrás de la publicación de un libro; esas tristes campañas de promoción me aniquilan el deseo de leerlo y disfrutarlo, al menos mientras dura la tempestad del  engaño. Como comprenderán, eso me ocurre a menudo, pues en estos tiempos no hay libro sin fanfarrias, ni autor sin adulones que quieren meter por boca y nariz a potenciales compradores la obra del amigo, para garantizarle el éxito.

En muchos casos lo anterior en vez de ayudar al autor lo coloca en la vitrina del novato, del aprendiz, del eterno aficionado que no es capaz de conquistar por sí solo al lector verdadero, y no a los cegatos compradores de “golosinas literarias”. Aunque parezca increíble existe una diferencia entre el bestseller y el libro que se lee; el bestseller es una estrategia de la industria editorial que genera dividendos masivos; el libro que se lee, por curiosidad o por interés, es quizá una obra auténtica que marca una época o varias generaciones. En otras palabras, un libro popular no quiere decir que se lee mucho.

Todo ese preámbulo es mi alfombra roja para llegar a “Solo de flauta”, el libro más reciente de René Rodríguez Soriano publicado por el sello Alfaguara; ahora que se acabó el ruido y que desaparecieron los adulones. Pero antes de continuar debo confesar que un amigo me pidió hace unos días que si yo no iba a decir algo positivo del libro de René, que mejor no escribiera nada. Sin embargo, creo que no hay nada más positivo para una obra literaria que un comentario negativo que despierte el morbo de los malvados enemigos o la solidaridad de los amigos del autor que salen a socorrerlo y apoyarlo como si fuera víctima de un terremoto.


Por suerte este libro de René Rodríguez Soriano no da lugar a comentario positivo ni comentario negativo. Y eso tiene que ver con la indefinición de su género; es decir, no es ni una cosa ni la otra: no es cuento, no es poesía, no es novela; es simplemente una obra inclasificable.

Tal vez se podría decir que el defecto o la virtud de estos textos de René es que son muy breves; son como zambullidas que dejan al lector sin respiración en un mar de imaginería donde las olas más serenas pueden ocasionar un sunami, como si la brevedad fuera la muerte súbita de la prosa. Para un escritor de largo aliento un texto narrativo muy breve puede resultar una afrenta, un oficio de holgazán o de alguien que anda demasiado de prisa. Pero en el caso de René es una fórmula que comienza a surtir su efecto, como ocurrió en su tiempo con Jorge Luis Borges, con Augusto Monterroso, con Juan José Arreola, con el Julio Cortázar de “Historias de cronopios y de famas”,  con el Italo Calvino de “Las ciudades invisibles”, y con muchos otros desde la antigüedad.
Y es que en literatura todo se vale, menos escribir mal; que no es el caso de René. Hay en “Solo de flauta” una prosa muy limpia, meticulosa, cuidada, sin flecos ni frases confusas; lo que es un gran logro en esta época en que prevalecen las ediciones descuidadas y la falta de rigor editorial.

Los personajes de “Solo de flauta” son tan inclasificables como el libro mismo: son casi siempre un “ella” y un “él” sin nombres, algo innecesario en una narrativa en la que los protagonistas son entes inmateriales: el instante, la reflexión, la observación, los recuerdos, la memoria, el olvido, los estados de ánimo del narrador o de la narradora; y no la pretensión de contar una historia para sorprender a nadie.

Aquí hay
un autor maduro que apuesta por sus experimentos literarios con la parsimonia del sabio que aporta al entendimiento de las cosas sin necesidad de aprobación. Es un observador de la vida, un contador de historias casi orales que se pierden en la forma de la escritura; un escritor exento de toda crítica, y que se ha dado cuenta que ya no hay tiempo para trancar el juego de ajedrez.