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26 de diciembre de 2012

Proeza tuiter: una novela con cuentagotas

Twitter ha reducido el discurso a 140 caracteres. Los japoneses lo practicaron hace siglos con su poética haikú, y el guatemalteco Augusto Monterroso escribió un tuiter de anticipación cuando creó el que muchos consideran el cuento más corto del mundo ("Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."). Pero el mundo de la literatura es todavía más atrevido; hay poetas clásicos inmortalizados por una frase o un verso simple, que guardan hondura de acuerdo con las circunstancias en que se repiten y en la capacidad interpretativa de cada quien. Pienso rápido en la famosa frase de Terencio: “Nada humano me es ajeno”; o en el verso de Tomás de Iriarte: “Aunque se vista de seda la mona, mona se queda”.

Comencé a usar Twitter el mismo día que el Papa Benedicto 16 estrenó el suyo para llegar más directo a millones de católicos en el mundo. Mi primer tuiter fue: “Si el Papa tuitea, ¿por qué yo no?”. Y desde entonces pienso en Twitter, lo observo, analizo la efectividad de este silencioso gusanillo que crece en cadena y que ejerce su función a su manera. Es un mecanismo de asombro que muchos todavía no usan creativamente, salvo los expertos en publicidad y mercadeo.

Twitter es también un torrencial de ocurrencias, de enlaces electrónicos, de referencias mediáticas, y de rumores que suben a la red para inquietar o divertir a los habitantes del ciberespacio, porque en estos tiempos todos somos, de una forma u otra, habitantes del ciberespacio; un territorio sensorial sin fronteras ni leyes absurdas, aunque tal vez demasiado democrático.

Pero ¿qué significado tiene Twitter para un escritor de largo aliento?, ¿para los novelistas, por ejemplo? ¿Cuánto hubiera perdido la literatura universal si Homero, Ovidio, Dostoievski, Balzac, Víctor Hugo o Cervantes hubieran tenido Twitter a su alcance? En ese sentido, el escritor de nuestra época tiene en Twitter un enemigo silencioso, un virus debilitante, o un arma de doble filo que, si no la usa con inteligencia, puede terminar eliminándolo; porque es más fácil escribir 140 caracteres y provocar con ello una respuesta inmediata, que poner el punto final a las 50,000 palabras que requiere una novela para que los editores profesionales la tomen en serio.

Sin embargo, creo que el mayor reto que debería enfrentar un escritor en esta era ciberespacial y de las redes sociales sería combinar la imaginación natural que posee con la ilusión virtual que nos regalan los avances de la tecnología. No podemos evitarlo: vivimos una vida tridimensional. Miramos hacia un precipicio que no existe geográficamente, pero igual podemos morir en el fondo del mismo. Somos y no somos, y a veces escogemos no ser, para poder ser.

De modo que en el caso de los novelistas, considerados hermanos mayores dentro del rebaño de literatos con imaginación, el reto será ganarle la partida a Twitter; y creo que una manera de hacerlo sería escribir algún día una novela de tuiter en tuiter; oraciones que no pasarán de 140 caracteres y que irían armando la historia con cuentagotas. El lector por supuesto, tan tuitero como el escritor, se dejaría embrujar por la trama y terminará de leer la novela sin darse cuenta, como sin darse cuenta la terminará de escribir el autor.

He calculado la proeza: serían unos 2,072 tuiteres para lograr un poco más de 50,000 palabras, y para que algún editor profesional se tome en serio el proyecto. Feliz 2013.