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9 de diciembre de 2012

La economía portátil de Leonel Fernández

Cualquier intento de llevar a la Justicia al expresidente Leonel Fernández y su séquito será en vano. Leonel encabeza en República Dominicana la nueva generación de “hombres blancos” que maneja la economía como el arma letal de la “guerra fría” del siglo XXI. Los campos de batalla siguen siendo los países pobres, y los patrocinadores son también los inescrupulosos poderes financieros de Washington y Europa.

Además, es un hecho que después del derribamiento del Muro de Berlín y la caída de la Unión Soviética los cambios fueron inevitables, y que a raíz de eso surgió en nuestra región la nueva estrategia de no eliminar a nadie por medio de las armas y las torturas físicas o psicológicas, como ocurría antes, sino dándole lo que “necesita”.

Paradójicamente la pobreza de nuestros países es la mayor riqueza de los combatientes de esta nueva “guerra fría”, y de aquellos políticos dispuestos a recibir sumas millonarias a cambio de poner a funcionar en sus respectivas naciones lo que he optado por llamar una “Economía Portátil”.

En nuestro caso es como si viéramos a Leonel llegar a Palacio y cerrar sigilosamente la puerta de su despacho para sacarse del bolsillo un dispositivo que conecta a una línea de fibra óptica. Ese dispositivo es la Economía Portátil, que una vez conectada manda la señal satelital a Washington y Europa para que todo comience a  funcionar a favor de los intereses del mandatario y sus patrocinadores. Por eso cuando se va el presidente y se lleva su aparato, la aparente estabilidad se viene abajo; sobre todo si su sucesor no es otro “hombre blanco”.

Lo grave de eso es que por lo general no hay delito. La estrategia está en el manejo impecable de la inversión extranjera por medio del dispositivo electrónico, en la forma como se usan los guantes de seda en la administración del erario, y en las personas de confianza que participan del lucrativo negocio. Una falla en la larga cadena de colaboradores puede echar a perder los planes o las ofertas que llegan a los palacios de gobierno aparentemente de manera espontánea, de la mano de cualquier funcionario cercano al presidente.

Por supuesto, la complicidad del presidente está en evaluar las ofertas extranjeras que están casi siempre diseñadas para solucionar un problema que afecta a la población. Los más comunes y lucrativos son de infraestructura; construcciones que modernizan el país, proyectos turísticos y energéticos, explotación de recursos naturales y otros experimentos que salen de los laboratorios de crisis y de deudas impagables que obligan a nuestros países a someterse a esas camisas de fuerza que algunos llaman plan de austeridad o déficit fiscal.

La Economía Portátil es el producto moderno de la globalización. Está llamada a generar ingresos sin importar las consecuencias sociales, siempre dentro de una legalidad aparente, por medio de contratos, y con altas comisiones para los negociadores de proyectos.

De acuerdo con un “hombre blanco”, antiguo estratega de inversiones extranjeras que vive en la Florida, y que lo ha confesado todo públicamente, “los términos como democracia, socialismo y capitalismo han quedado casi obsoletos. La ‘corporatocracia’ es un hecho,  y se coloca cada vez más como el ente de mayor influencia en las economías y políticas mundiales”.

Una de las características de un dirigente político convertido en “hombre blanco” es el lenguaje de códigos que utiliza en sus discursos a la nación. Estos códigos son cifras, términos económicos especializados, frases propias de informes financieros y corporativos, que dejan pasmados a las grandes masas que por lo general no piensan, como diría el filósofo español José Ortega y Gasset.

Eso último quedó demostrado en el ridículo discurso de Leonel sobre el déficit fiscal. Quiso explicarlo todo, y al final no se le entendió nada. Pero si esa alocución del expresidente fue ridícula ante los medios internacionales, pues resultó extraño verlo ocupar un micrófono que ya no le correspondía, más todavía lo fue el juicio popular que lo condenó simbólicamente a 30 años de cárcel.

El juicio verdadero a Leonel sería en el futuro, si no se le permite hacer campaña electoral de por vida; o si vuelve, que nadie vote nunca más por él. De ese modo quedaría relegado al ostracismo y el olvido, por su traición a la patria.