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12 de noviembre de 2012

La visita de los hombres blancos

Como todos los presidentes de la región, Danilo Medina no escapó a la sorpresiva visita. Son hombres blancos, apuestos, vestidos impecablemente con sacos y corbatas de marca, y calzados a veces con zapatos Testoni de piel de cocodrilo y cosidos para mayor durabilidad.

Nadie informa a los nuevos presidentes de la existencia de estos individuos, porque aparecen como fantasmas y se esfuman como fantasmas. Desde mucho antes de las elecciones, las organizaciones a las que pertenecen ponen en la mira el país de sus macabros intereses económicos. No persiguen otra cosa, y lo peor es que sus principales colaboradores son casi siempre personas de confianza que rodean y aconsejan a los mandatarios.

El asunto es que, dichas las reglas del juego, presidente que no accede presidente que cae en desgracia o presidente que muere. Como los tiempos han cambiado desde la Guerra Fría, cuando la lucha era más ideológica que financiera, ahora por lo general el mandatario no es asesinado con tanta facilidad, pero sí cae en desgracia.

En el pasado hay casos de presidentes que no se doblegaron a estos señores blancos, que no se sometieron a las exigencias ni aceptaron sobornos, y terminaron asesinados; se asegura que dos de ellos fueron Omar Torrijos en Panamá, y Jaime Roldós en Ecuador. Como todo magnicidio, los informes de esos hechos suelen ser confusos y las investigaciones terminan atribuyendo las muertes a simples accidentes, pero no dicen la verdad.

Uno de aquellos señores blancos vive en la Florida, y se ha quitado los zapatos Testoni para confesarlo todo. Desde cómo funciona la red a la que perteneció por muchos años, hasta cómo son reclutados en las universidades los jóvenes que estudian economía o administración de empresa y que cuentan con el perfil perfecto para integrar esas organizaciones. Y lo más sorprendente es que estos hombres se hacen ricos a causa de las “necesidades” de nuestros países y al final su trabajo es legal.

A veces su papel consiste en crear crisis donde no la hay. Por ejemplo, muchas de las crisis de nuestros países, ya sean energéticas o de transporte, no son reales. Tampoco los números de las economías locales, ni el descontento popular. Las estrategias para generar ganancias multimillonarias también incluyen la construcción de carreteras, puentes, trabajos de infraestructuras, explotación de recursos naturales locales, y obras públicas innecesarias; algunas de éstas últimas quedan abandonadas o se prolongan sin explicación alguna.

Todo es parte de tramas de novelas perfectas urdidas en conversaciones de negocios, y en los cubículos u oficinas de las mismas instituciones que ofrecen ayudas financieras para solucionar los supuestos problemas y necesidades que aquejan a nuestras naciones.

La ganancia de ellos surge de las mismas exigencias que imprimen en los contratos, y de los altos intereses de los préstamos. Por supuesto, necesitan intermediarios, gente cercana a los presidentes, y la encuentran porque estas personas son muy bien remuneradas. Mientras más cercano y más poder de persuasión tenga con el mandatario, mayor es la ganancia; eso explica en parte que surjan nuevos ricos en cada gobierno.

El presidente, sin darse cuenta, aprende a usar un lenguaje de códigos corporativo, aparentemente transparente, para comunicarse con estos visitantes blancos y para dirigirse al público. En el caso de República Dominicana, Joaquín Balaguer dominaba este lenguaje a la perfección; Leonel Fernández lo aprendió al final de su primer mandato; Hipólito Mejía jamás se dio cuenta de que ese lenguaje existía; y ahora Medina lo aprenderá también, porque si no, caerá en desgracia.

En otras palabras, en los países de la región no gobierna el presidente, sino una red de inquisidores financieros que cuenta con el respaldo del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y otras instituciones monetarias de Washington y organismos de Europa. Por todo eso me dan pena los presidentes.