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31 de enero de 2012

Laboratorios de escritores dominicanos

No dudo de la buena voluntad de los dirigentes de talleres literarios auspiciados por el gobierno. De hecho, he visto con mucho entusiasmo esta iniciativa y aplaudo la dedicación de los "talleristas" y a quienes comparten cada semana sus conocimientos con los que para algunos son parte del futuro de la literatura dominicana.

Sin embargo, no creo en laboratorios de escritores. La literatura, la escritura creativa como la llaman en Estados Unidos, es un asunto de vocación, de empeño, de terquedad, y a veces hasta una obsesión o una enfermedad, si se quiere, que comienza con una relación casi adictiva a la lectura.

De modo que los recursos de los gobiernos deberían estar dirigidos a la formación de buenos profesores y alumnos de literatura en las escuelas, y de los últimos es posible que salgan los narradores y los poetas que los “consagrados” ven como relevo generacional en ese oficio tan personal y solitario que es el proceso de creación literaria.

Detrás de una iniciativa como la del llamado Sistema Nacional de Talleres Literarios está la tradición de círculos de estudios de un partido de bases teóricas que en la práctica ha demostrado ser todo lo contrario en materia cultural; de un gobierno cuyos funcionarios de Cultura viven pisoteando todo lo que no responde a sus mezquinos intereses personales, e incluso bloqueando el desarrollo de jóvenes a los que no les interesa el espectáculo de aplausos y reconocimientos inmerecidos y que tienen sobrada capacidad para hacer lucir bien a los nuestros tanto dentro como fuera del país.

Y es que los funcionarios de Cultura no ven más allá de lo que les permite su olfato de ganancias personales, traducidas no sólo a dineros mal habidos, en algunos casos, sino también en viajes trasatlánticos, visitas a lugares que no representan ningún beneficio para el país; giras con las que pretenden hacerles creer a sus amigos virtuales que son figuras importantes porque los invitan a ferias, a encuentros, o porque son incluidos en antologías preparadas por extranjeros que por desconocer la cosa nuestra terminan manipulados a la hora de decidir quién debe aparecer en una publicación de alcance internacional, que en muchos casos son igualmente mediocres.

¿Para qué talleres literarios? Si ni siquiera atienden bien a jóvenes escritores con vocación genuina y dedicados a este oficio de marras que siempre será visto como el pasatiempo de una clase ociosa que no contribuye en nada a los sectores industriales ni a la sociedad.

En el Ministerio de Cultura, como en cualquier otra dependencia del gobierno, hay fugas de recursos, manipulación, amenazas sutiles, sobornos, ventas de plazas de trabajo, boicoteo y todo lo que se quiera pensar; porque allí tambi
én los que llegan a funcionarios por prestigio fabricado o por vínculos extraños con el poder, terminan siendo parte de lo que ellos en algún momento criticaron desde la oposición.

Además, si el gobierno dominicano no es capaz de desarrollar con profesionalismo una Feria del Libro o una Editora Nacional, primero por falta de experiencia de cómo funciona realmente el mundo editorial, y segundo porque no le interesa; si no atiende a los escritores como debe ser, si no los respeta sin tomar en cuenta el partidismo, si no los deja trabajar sin querer manipular o condicionar los recursos que pudieran beneficiarlos, ¿para qué entonces sirve el Sistema Nacional de Talleres Literarios?

Mi recomendación es que se elabore un plan urgente para acabar con la mediocridad que reina en las clases de literatura que se imparten en las escuelas del país, donde los estudiantes no tienen acceso a recursos que despierten su interés en la lectura primero de los clásicos, y luego en una literatura contemporánea que valga la pena y no en obras de cuestionable calidad, escritas por dominicanos que han tomado por asalto la cultura nacional y que amparados en el poder terminan lucrándose con las ventas forzadas de sus libros que imponen al sistema de educación.
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© 2012, José Carvajal
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