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10 de noviembre de 2010

Del best al bad seller: el libro

Si existe el best seller, hay que reconocer el lado opuesto; es decir, el bad seller. El primero es la algarabía del mercado y sus campañas publicitarias para hacer que una obra, aunque en el fondo mediocre, se venda masivamente luego de llamar la atención de un lector mediático que por lo general no exige calidad; el segundo es sin duda alguna la vergüenza del autor que, sin saber el porqué de su aparente fracaso como escritor, termina aislado y frustrado al no cumplirse las expectativas que tenía con su libro.

Sin embargo, en los últimos años el bad seller no es asunto exclusivamente de un bad writer o un autor que escriba mal ni nada por el estilo. Un reciente reportaje publicado en el diario español El País habla de una crisis que “llena de libros los almacenes”.

“Las ventas han caído un 10% (de 945 millones facturados en 2009 a 845 en el mismo periodo de 2010)”, afirma Jesús Ruiz Mantilla en su reportaje dedicado más que al libro a la crisis financiera que viene desde hace algunos años golpeando la economía en diversos sectores industriales y la vida individual tanto de los más como de los menos pudientes.

En el sector editorial hay razones aparentes para la debacle: “A las caídas de ingresos de editoriales y librerías, se suma la pertinaz piratería, que, lenta pero segura, hace mella en el sector del libro, como lo demuestran las cifras del segundo “Observatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales”, elaborado por la consultora estadounidense IDC a instancias de la Coalición de Creadores de Industrias y Contenidos”.

Y no es para menos: “Los datos hablan de descargas ‘ilegales’ de contenidos que han hecho perder al sector 400 millones de euros (el doble que el año anterior)”.

Más que una preocupación para el mercado, aquí lo importante es que la mala noticia no toque la creatividad de los escritores auténticos, especialmente los más jóvenes, que podrían estar dando los primeros pasos ilusionados con alcanzar un puesto donde alumbran los reflectores del codiciado teatro del éxito en el mundo del libro.

Quizá una buena manera de paliar la crisis sería concentrándonos en una lectura (o relectura) de los clásicos, esos libros que aparentemente ya no interesan a ningún esnob, y que por ser tan antiguos no compiten con los precios en el mercado ni le interesan a la gran industria editorial, a pesar de que allí se origina casi todo, incluyendo las obras de actualidad.

Un escritor que se concentra en los clásicos, no está pensando en mercado, ni en ser él mismo un best seller; tampoco le preocupa convertirse en un bad seller por razones extraliterarias. Ese autor, si camina pacientemente por la alfombra de los clásicos, terminará siendo, tarde o temprano, un buen lector y, si se consagra en el oficio, un escritor auténtico. Después de alcanzar ese lugar, no hay crisis ni mercado que lo silencie.